Destinos singulares que quieren fidelizar viajeros

Extremadura ya no es la gran desconocida de la que se hablaba hace unos años, ni dentro de España ni más allá de sus fronteras. Los datos demuestran que en los últimos años la comunidad extremeña, víctima de la despoblación, ha fidelizado a sus turistas. La oferta, que se traduce en un aumento de pernoctaciones y visitantes, se profesionaliza y saca partido a sus recursos naturales. Una estrategia que gusta a sus visitantes —que suelen ser recurrentes aunque su estancia no supera por el momento los dos días— para los que la hospitalidad es una prioridad. En global, mejoran las cifras, pues el turismo aporta un 6% al PIB regional, pero la estacionalidad sigue siendo un problema: el 70% de las estancias tienen lugar entre los meses de abril y octubre.

En 2018 Extremadura alojó a 1,86 millones de turistas y registró 3,43 millones de pernoctaciones, según el INE. Madrid, Andalucía y Castilla y León son las autonomías que más la visitan. En enero del año pasado hubo un 9,7% más de viajeros que el anterior, y un 8,5% de pernoctaciones. Y mientras que en España estas cayeron un 0,9% el pasado año, en Extramadura subían un 3,7%. La región recibió el año pasado un 11% más de turistas extranjeros, liderados por los de Portugal, Francia y Reino Unido, que dejaron 167,24 millones en la región; un 46,6% respecto a 2017. Sin embargo, según destacan los profesores José Manuel Sánchez y Juan Ignacio Rengifo en Evolución del sector turístico en la Extremadura del siglo XXI: auge, crisis y recuperación, un informe elaborado para la Universidad de Extremadura, la oferta de camas, a la luz de la fuerte estacionalidad, se ha sobredimensionado.

No afecta igual a todos los tipos de establecimientos, pero según explican los académicos, son la escasa ocupación por plaza y estancia media “los principales escollos que debe salvar la política turística que trate de incidir en el desarrollo de la actividad”. A nadie se le escapa a estas alturas el lastre que supone la deficiente red de transportes para Extremadura. Ante esta situación se ha optado por un nuevo Plan Turístico con cuatro años de vigencia (2017-2020) que ha sido elaborado por todos los agentes del sector: desde asociaciones de empresarios y cámaras de comercio, a gentes sociales y de desarrollo rural y organismos públicos. Detallan 28 acciones y 82 medidas para aprovechar la potencialidad de Extremadura y, al mismo tiempo, tratar de dar respuesta a las debilidades. Quieren impulsar una nueva gobernanza turística, cohesionar la promoción del destino Extremadura y avanzar en el desarrollo empresarial e innovación. Dentro de este eje de acción está la calificación de varios lugares como Destino Turístico Inteligente, lo que supone impulsar la gobernanza, tecnología, sostenibilidad, innovación y accesibilidad. Entre ellos, la mancomunidad del Valle del Jerte —que fue proyecto piloto— y los ayuntamientos de Badajoz, Cáceres, Mérida y Plasencia y la Diputación de Badajoz.

“Extremadura llega unos años más tarde al turismo que las provincias que tienen sol y playa. Pero hace cinco años que se trabaja de una forma muy efectiva, a pesar de los obstáculos que tenemos, como las infraestructuras”, asegura Jesús Viñuales, presidente del Cluster de Turismo de Extremadura, formado por 77 empresas de turismo que operan en la región. “En Extremadura tenemos un problema gravísimo que se llama despoblación, y el turismo nos ayuda a lidiar con este problema, a pesar de la estacionalidad que aún tenemos. Pero existe un potencial que posiblemente no nos hemos creído. Podríamos ser la ‘Toscana Ibérica’, pero nos han fallado muchas cosas, por ejemplo, planificación”.

La región sí ha sabido aprovechar las ventajas de la cercanía con Portugal. En 2008 estrechó sus lazos con las regiones de Alentejo y Centro a través de la Eurorregión Euroace, un convenio de colaboración entre estos veinte enclaves reconocidos por la Unesco que reciben cinco millones de viajeros y 10 de pernoctaciones al año. Esta propuesta en clave ibérica quiere sumar fuerzas para seducir a los visitantes a través de su gastronomía, parajes naturales y enclaves espirituales.

Turismo de pausa

En los últimos años, Extremadura se ha encontrado con un perfil de viajero que le ayuda a vencer al turismo estacional. Es un visitante que viaja todo el año, que busca el deleite, la pausa y lo autóctono, desde los parajes naturales a la comida y los alojamientos que invitan al descanso. “Este tipo de viajeros valora más el viaje y la experiencia que el tiempo” que le lleve llegar al destino, apunta la presidenta de la Federación Extremeña de Turismo Rural, Victoria Bazaga. Para ella, se trata de “hacer de la debilidad virtud”, en referencia a, entre otras cosas, su actual red de transportes.

“El turismo slow [de degustar lento] es incipiente, pero cada vez hay más oferta de viajes de bienestar y queremos especializarnos en él. Durante años hemos puesto nuestros balnearios al servicio del turismo de salud, pero ahora podemos rejuvenecer la edad de los que nos visitan. La Sierra de Gata esconde lugares como el pequeño hotel la Almazara de San Pedro [Eljas, Cáceres], con piscinas balinesas y baños termales, ¿quién se puede imaginar algo así en un sitio tan remoto?”, apunta Viñuales. La panorámica a la Sierra de Gredos sirve de inspiración para centros de retiros de yoga y meditación. Cerca de Villanueva de la Vera se encuentra Shorinji, un templo de budistas zen y en Robledillo de la Vera está la Hospedería del Silencio que realiza actividades para los que necesitan salir del mundanal ruido, desde familias a grupos.

Bazaga resalta el potencial de la dehesa extremeña, “salpicada de localidades con grandes e importantes recursos culturales y una gastronomía que está sorprendiendo”. Entre ellos, productos como la torta del Casar, la cereza del Jerte, el jamón ibérico, el cava, etcétera. “Disponemos de todos los factores necesarios para ser un destino turístico elegido en los próximos 10 años”, defiende. La región cuenta más de 150 espacios incluidos en la Red Natura 2000, que abarcan más del 30% de la superficie extremeña en la que prevalece el ecosistema de la dehesa. Un parque nacional, dos reservas de la Biosfera, dos parques naturales, una reserva natural, cuatro monumentos naturales, un paisaje protegido y cinco corredores ecológicos y de biodiversidad. Su superficie arbolada es, junto Andalucía, la que más crece. Según el informe elaborado para la estrategia Extremadura 2030, cuenta con 536 árboles por habitante.

Esta naturaleza convierte a la zona en una potencia en turismo ornitológico, ya que en la región se conservan algunas de las especies de aves más amenazadas de Europa, como es el caso del águila imperial ibérica, la cigüeña negra, el buitre negro, el águila perdicera o el alimoche. A lo largo de todo el año se pueden avistar en sus cielos más de 340 especies distintas. Se han creado 19 rutas ornitológicas en toda la región y un club de producto de turismo ornitológico donde se agrupan empresas e instituciones que ofrecen servicios especializados para el aficionado al avistamiento de aves, según anuncia el departamento de turismo. En febrero se celebró en el Parque Nacional de Monfragüe, la XIV Feria de Turismo Ornitológico (FIO) que atrajo a cerca de 15.000 visitantes a la localidad cacereña de Serradilla, donde se celebra esta feria, la segunda más importante después de la British Birdwatching Fair del Reino Unido. La autonomía también promociona otro tipo de turismo alrededor de los animales para un público específico: los cazadores. En los últimos años está aumentando el turismo cinegético y atrae a monteros de España y fuera. Solo aquí encuentran al alcance de sus armas los ojeos de perdiz, la montería y los recechos de cabra hispánica.

Patrimonio histórico y termal

Extremadura dispone de una extensa costa de agua dulce. En ella, además de disfrutar del baño se pueden practicar deportes acuáticos y navegar ríos como el Tajo (Parque Natural del Tajo Internacional), Alagón y Guadiana (Alqueva) donde hay empresas que organizan cruceros. El año pasado cerca de 40.000 personas los reservaron para recorrer el Tajo, que une España con Portugal, el río Alagón y la zona de Monfragüe. La buena conservación y atractivo de las zonas de baño en casi todo el territorio —en sus piscinas naturales, pozas, cascadas, arroyos y gargantas— han merecido reconocimientos y premios, como la playa de Orellana la Vieja, en el embalse de Orellana, logró en 2010 la primera Bandera Azul del interior de España.

“El año pasado hicimos un estudio con la Universidad de Extremadura llamado Water Wellness and Turism para potenciar el agua como recurso turístico, en pantanos y balnearios pero también en alojamientos”, explica el presidente del cluster de turismo. “El agua es fuente de bienestar pero también de historia, del pasado romano, de leyendas que redondean la experiencia turística con historia”, añade. La región tiene tres enclaves declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO; entre ellas, la Ciudad Vieja de Cáceres, el Conjunto Arqueológico de Mérida y el Real Monasterio de Santa María de Guadalupe. A ellos se suman el Monasterio de Yuste y los casos históricos de Badajoz, Trujillo y Plasencia.

Inolvidables son sus veranos cuando abre la temporada de teatro en Mérida. De junio a agosto el Teatro Romano, vuelve a la vida con la celebración anual del Festival Internacional de Teatro Clásico, llegando a recibir hasta 104.400 espectadores en la pasada temporada. Las huellas de la historia se pueden disfrutar también en el yacimiento arqueológico Cancho Roano (situado en el término municipal de Zalamea de la Serena) en Guadalupe con su monasterio católico al estilo mudéjar y gótico mandado construir por Alfonso XI en el siglo XIV y declarado bien por la UNESCO. El templo ilustra cuatro siglos de arquitectura religiosa española y su estatua de la Virgen de Guadalupe representa uno de los símbolos más potentes de la cristianización de América en el siglo XV. Los pasos de los viajeros no pueden perderse el Camino Mozárabe y la Vía de la Plata.

El patrimonio histórico y cultural de Extremadura vertebra gran parte de las estrategias turísticas del territorio. Sus castillos, catedrales, plazas y edificios históricos conservan siglos de historia y son el reflejo de la convivencia de religiones y civilizaciones. Una riqueza que ha sabido aprovechar el cine. La Extremadura Film Comission (para la promoción del destino como plató de cine) desempeña un papel clave no solo para encontrar localizaciones donde grabar sino para promocionar estos sitios como de interés turístico, tanto dentro como fuera del territorio. Es lo que ha pasado con Juego de Tronos, rodada en el paraje cacereño de Los Barruecos, el casco histórico de Cáceres, y el castillo de Trujillo. La ciudad monumental de Cáceres había sido plató de producciones como 1492: La conquista del paraíso, Isabel, La Catedral del Mar y Still Star Crossed.

Turismo astronómico

¿Pagar por disfrutar de la visión de las estrellas en un cielo limpio y claro? Ése es uno de los nuevos nichos de turismo en el que está fijando el foco Extremadura. Escasa contaminación lumínica en las zonas rurales, buen clima, escasa nubosidad durante la mayor parte del año y localizaciones espectaculares. Ésas son algunas de las características que convierten a Extremadura en un paraíso para los amantes del astroturismo, un sector en el que ya se están centrando muchos negocios en la región. Rutas guiadas, cenas temáticas, alojamientos especializados…
Extremadura ofrece una red con 13 destinos que cuentan con el certificado de Destino Turístico Starlight (que entrega a los cielos nocturnos más limpios), entre los que se encuentran el parque nacional de Monfragüe y cinco municipios de la zona de Alqueva, que comparte título con Portugal. Igualmente, cuenta con alojamientos y empresas especializadas, y la guía Extremadura, paisaje de estrellas, en la que se designan diez zonas de observación prioritarias: Sierra de Gata, Reserva de la Biosfera del Tajo Internacional y Sierra de San Pedro, Tierras de Granadilla, Castro Capote (Higuera la Real), Reserva de la Biosfera de Monfragüe, castillos y dehesas de la Sierra Suroeste de Badajoz, Geoparque Villuercas Ibores Jara, Parque Temático Natural Alqueva, Valle del Jerte, y Valle del Ambroz.
En tierras extremeñasse encuentra un centro astronómico en plena dehesa extremeña, en Fregenal de la Sierra, el planetario móvil más grande de España en Trujillo, y un mirador en el Parque Nacional de Monfragüe, concretamente en Torrejón el Rubio, donde tenemos a nuestra disposición un observatorio con una cúpula de cuatro cuatro metros de diámetro y capacidad para diez personas.
Extremadura ha dado un paso al frente y ha incluido la apuesta por este sector en su estrategia turística, con proyectos como la Red Regional de Miradores Celestes (una red de paneles luminosos nocturnos que permiten interpretar el paisaje de las estrellas), un certificado público para formar a guías profesionales en la conducción de grupos en el medio natural y urbano nocturno, orientado a la interpretación de la noche, y el proyecto Extremadura Open Sky a través del que se han instalado en la red de Hospederías de Extremadura cámaras de alta sensibilidad que permiten apreciar el cielo extremeño en todo su esplendor y cuyas imágenes pueden seguirse a través del portal Sky Live.

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Author: news.startonline.info

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